Recordé los tempranos ochentas, cuando era chica y mi mamá prendía el televisor -blanco y negro- que estaba sobre la cómoda. En la pantalla, un señor pelado y con cabeza de huevo me hablaba directamente a mí y yo salía corriendo de la pieza. Y es que me daba un poco de susto Julio Martínez.
Hoy me puse a pensar que me da susto que ya no quede gente así: tan auténtica.


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